Desde el momento en que nacen, los niños que tienen discapacidad motora, dada su patología neurológica, precisan cuidados y atenciones especiales. Los padres comienzan a recibir información acerca de lo que les ocurre a sus hijos y de cómo manejarse ante esta situación no esperada. Es así que, en muchos casos, se genera una situación de dependencia entre los padres y los médicos, siendo éstos últimos los que "saben" y quedando los padres en un lugar pasivo, a la espera de nuevas indicaciones.
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